Francisco Palacios se encuentra entre los residentes nacidos en el extranjero de la ciudad de Nueva York que ahora representan poco más de la mitad de la población de 65 años o más de la ciudad. Fotos: The New York TimesMuchos inmigrantes mayores en Nueva York están luchando: “No tengo futuro”
Muchos migrantes mayores no tienen ahorros tras años de trabajar en empleos que pagan poco y a menudo reciben menos en ingresos de la seguridad social que los residentes nacidos en Estados Unidos.
Winnie
Hu y Jeffrey E. Singer | Fotos | The New York Times
Francisco
Palacios,
quien se crio en la pobreza en Ecuador, llegó a la ciudad de Nueva York en 1986
con la meta de ganar lo suficiente para algún día regresar a su país y
jubilarse.
No obstante, tras solo conseguir empleos con
salarios bajos en restaurantes, obras de construcción y una lavandería,
Palacios, ahora de 70 años, no tiene ahorros y solo intenta sobrevivir. La
mayoría de los días entre semana, espera en una esquina en Queens junto a otros
jornaleros con la esperanza de que alguien lo contrate para pintar casas.
Palacios comentó: “Todavía siento que tengo la
energía y la fuerza para trabajar”. Aunque, luego, agregó: “No tengo futuro”.
Migrantes de edad avanzada como Palacios conforman
ahora poco más de la mitad de la población de la ciudad de Nueva York cuya edad
es igual o superior a los 65 años. Su cifra se ha incrementado a más del doble
de la cifra de personas mayores nacidas en Estados Unidos desde 2010,
principalmente debido al envejecimiento de migrantes que llegaron hace décadas
como adultos jóvenes y trabajadores.
Muchos de estos migrantes afirman que nunca
contemplaron envejecer en la ciudad y que, tras años de decir: “Me iré mañana”,
simplemente no están preparados para esa realidad cuando surja. Algunos todavía
persiguen el sueño americano mucho tiempo después de sus mejores años
laborales. Otros se han quedado porque no pueden dejar a los hijos y nietos que
tienen aquí o la vida que han construido.
Los migrantes mayores han impulsado en gran
medida el rápido crecimiento de la población de 65 años en adelante en la urbe
a 1,4 millones, según un análisis del censo realizado por Social Explorer, una
compañía de análisis de datos. En 2022, había 713.000 migrantes mayores, un aumento
del 57 por ciento en comparación con la cifra de 2010. Durante ese mismo
periodo, el número de residentes mayores nacidos en Estados Unidos se elevó un
25 por ciento para llegar a 678.000.
Estos migrantes de edad avanzada (provenientes
de decenas de países, incluyendo la República Dominicana, China, Jamaica, Haití
y Colombia) han hecho que los vecindarios de la ciudad sean más diversos. Han
contribuido a mantener vibrante la economía, pero sus números en rápido
crecimiento también amenazan con saturar todavía más los servicios sociales y
los recursos limitados en una metrópolis que ya sufre una crisis migratoria.
Aunque muchos adultos mayores enfrentan
dificultades financieras y aislamiento social, los migrantes de edad avanzada
son quienes sufren las peores condiciones, según aseguran expertos migratorios.
Tienden a tener menos años de educación que sus pares nacidos en Estados Unidos
y es menos probable que tengan ingresos por pensión o inversiones, según
descubrió el análisis del censo. El ingreso promedio anual para un migrante
mayor era de 14.592 dólares o poco menos de la mitad de los 30.019 que reciben
las personas de edad avanzada nacidas en Estados Unidos.
Muchos migrantes mayores no tienen ahorros tras
años de trabajar en empleos que pagan poco y a menudo reciben menos en ingresos
de la seguridad social que los residentes nacidos en Estados Unidos. Los
migrantes que viven en el país sin permiso legal no cumplen los requisitos para
cobrar ninguna suma. Algunos migrantes mayores también reciben ayuda limitada
debido a las barreras lingüísticas y culturales.
Chen
Renhou, de 71 años, se encuentra en una calle de Brooklyn mientras su esposa
comparte fotos con amigos cercanos. Los inmigrantes de mayor edad han impulsado
en gran medida el rápido crecimiento de la población de 65 años y más de la
ciudad a 1,4 millones.
Cheung
Gim Fung,
de 92 años, quien trabajó como cocinero en restaurantes chinos tras migrar de
Hong Kong en la década de los cincuenta, se ha sentido cada vez más aislado en
su vecindario de Sunset Park en Brooklyn a medida que nuevas olas de migrantes
chinos provenientes de la provincia de Fujian se han establecido a su
alrededor. Cheung, quien visita una panadería cercana todos los días para
sentarse con otros migrantes que hablan cantonés, comentó: “No hablo inglés. No
hablo mandarín. No hablo el dialecto fuzhou”.
Jonathan Bowles, director ejecutivo del Centro
para el Futuro Urbano, una organización sin fines de lucro que ha reportado
sobre los migrantes mayores y la población en rápido envejecimiento del estado,
mencionó que algunos migrantes de mayor edad ya han caído en la pobreza y el
sinhogarismo y los casos aumentarán a menos que los líderes de la ciudad
encuentren maneras de ayudarles. En 2022, había 163.000 migrantes mayores que
vivían por debajo de la línea de pobreza, un incremento del 37 por ciento en
comparación con la cifra de la década previa, según el centro.
Bowles opinó: “Los inmigrantes han dado tanto a
la ciudad en su vida laboral. Sería impensable que la ciudad les diera la espalda
a los migrantes conforme se vuelven mayores y crecen sus necesidades”.
David Dyssegaard Kallick, director de la
Iniciativa de Investigación de Inmigración, un grupo de investigación sin fines
de lucro, señala que a pesar de estar concentrados de manera desproporcionada
en trabajos con pagos bajos, los migrantes son una parte importante de la
economía local, ya que son responsables de alrededor del 31 por ciento de todos
los bienes y servicios producidos en el área metropolitana de Nueva York.
Aunque en general, el gobierno federal
determina los beneficios de jubilación, los funcionarios municipales y las
agencias de servicios sociales de la ciudad han buscado brindar atención médica
y servicios de apoyo a migrantes sin importar su estatus legal. El Departamento
para Adultos Mayores de la Ciudad de Nueva York, una agencia municipal con un
presupuesto anual de 523 millones de dólares, continuará proporcionando comidas
gratuitas y otros programas a adultos mayores incluso a medida que la ciudad
enfrenta una crisis presupuestaria, cuyas causas incluyen los costos de
albergar a migrantes que buscan asilo, señaló Edgar Yu, un portavoz.
Los inmigrantes
chinos juegan a las cartas en Milestone Park en Brooklyn. Los inmigrantes de
mayor edad, desproporcionadamente concentrados en empleos de bajos salarios, a
menudo corren el peligro de llegar a sus últimos años sin un nido.
No obstante, eso no es suficiente para
satisfacer las necesidades de la creciente población mayor, manifestó la
concejala Crystal Hudson, una demócrata de Brooklyn que, como presidenta del
comité de adultos mayores del concejo, ha señalado que menos del uno por ciento
del presupuesto municipal general se destina a servicios para adultos mayores.
Hudson también ha trabajado para lograr que se aprueben leyes recientes que
buscan ampliar las protecciones y los servicios legales para los adultos
mayores, incluyendo centros obligatorios para adultos mayores en comunidades
migrantes que ofrezcan programación en diversos idiomas.
Jeanne Batalova, una analista sénior de
políticas en el Migration Policy Institute, un grupo de investigación en
Washington, expresó que la mayoría de estos migrantes mayores llegaron en olas
en las décadas de los setenta, ochenta y noventa, después de que grandes
cambios a la ley federal de inmigración eliminaron las cifras máximas vigentes
desde hace mucho tiempo para muchos países y dieron paso a un periodo de más
migración proveniente de todo el mundo. La mayor parte de estos primeros
migrantes se han convertido en ciudadanos estadounidenses.
Gustavo
Rincón
llegó a Nueva York en 1973 desde Colombia y, después, comenzó a trabajar como
proyectista para Con Edison y se retiró hace más de una década con una pensión.
Rincón, ahora de 69 años, pensó en volver a Cartagena (Rincón dijo: “Amo mis
raíces, mi cultura”), pero se dio cuenta de que hacía mucho calor y que a los
estándares de vida “todavía les falta mucho desarrollo”.
Muchos
inmigrantes nunca esperaron envejecer en Estados Unidos. Sara Meléndez dejó a
sus cinco hijos en Ecuador en 1991 para buscar trabajo en Nueva York.
Sara
Melendez
dejó a sus cinco hijos en Ecuador en 1991 con el fin de hallar trabajo en Nueva
York y darles sustento. Melendez recordó que trabajaba arduamente como
costurera en una fábrica de ropa y relató: “Vivía al día”. En la actualidad,
cuatro de sus hijos aún viven en Ecuador, junto con sus once nietos, pero
Melendez, ahora de 89 años y ciudadana estadounidense, habita por su cuenta en
un proyecto de vivienda subsidiado en el Lower East Side.
Melendez, quien padece diabetes, argumentó que
permanece en Estados Unidos porque la atención médica es mejor que en Ecuador.
Ella también depende de una red de servicios para adultos mayores proporcionada
por Henry Street Settlement, una agencia de servicios sociales, que incluye a
un trabajador social bilingüe, asistencia de salud en casa, revisiones de
nutrición y un grupo de apoyo emocional para mujeres llamado “Esperanza”.
New Immigrant Community Empowerment, un grupo
de defensoría en Queens que lleva a cabo capacitación laboral y programas de
desarrollo, ha comenzado a enseñar habilidades financieras, técnicas y de vida
a migrantes que pretenden ayudarles a prepararse para el largo plazo. Hildalyn
Colón Hernández, la subdirectora del grupo, aseveró: “Los estamos viendo
envejecer” y agregó que muchos de ellos “nunca piensan en el futuro”.
La organización ha tratado de ayudar a
Palacios, el pintor de casas de edad avanzada que espera en la acera con otros
jornaleros incluso cuando le duelen las piernas y se le entumecen. Palacios,
que vive en el país sin permiso legal, indicó que no ha regresado a Ecuador
desde que salió hace casi cuatro décadas porque teme que no le permitan
regresar a Estados Unidos. Las lágrimas se deslizaron por su rostro al recordar
que nunca tuvo la oportunidad de volver a ver a sus padres y tuvo que perderse
los funerales de ambos.
Palacios puntualizó: “Vine por el sueño
americano”, pero afirmó que acabó “lamentando que todo lo que intenté hacer
aquí no funcionó”.
El Sr.
Palacios espera para ingresar a la oficina de New Immigrant Community
Empowerment en Jackson Heights, Queens. Si bien muchas personas mayores luchan
contra las dificultades financieras y el aislamiento social, los inmigrantes
mayores pueden estar entre los que están en peor situación.
LEA la
historia en inglés, aquí:
https://www.nytimes.com/2024/01/13/nyregion/older-immigrants-retirement.html?auth=login-google1tap&fbclid=IwAR2PGuOnt7ynIKaC2zJ_ZstTkVIKnBA91bFcaelcPk1O7VQuuHZjXyouYKM&login=google1tap&smid=url-share&unlocked_article_code=1.Nk0.O86s.MfIP0PzmPHU2